Disciplina y límites en la crianza de los adolescentes

La realidad es que es difícil educar y formar a un adolescente. Ya sea que uno sea maestro, padre o simplemente el encargado de mantener el orden público en alguna plaza concurrida, los adolescentes siempre parecen confrontarse con los límites que la sociedad les impone y con quienes buscan resguardarlos.

Lidiar con jóvenes para muchos es desgastante y, a veces, en la frustración del momento y sin argumentos para imponer una norma, nos vemos obligados a decirles: “Así son las cosas, lo establece la ley”. Sin embargo, el reclamo continúa puesto que la ley no es necesariamente justa, es un acuerdo social que (hasta ahora) ha logrado mantener el control público.

¿Pero realmente es eso lo que se espera de un joven? ¿Realmente un padre o madre querría que su joven hijo aprendiera a agachar la cabeza cuando está viviendo situaciones injustas o cuando sus derechos son aplastados? El problema es que quienes ejercen una autoridad sobre el adolescente muchas veces pierden la perspectiva de que, como cuando era niño, en la interacción con nosotros, le estamos enseñando cómo vivir en sociedad, cómo responder y también como pensar.

El adolescente ya no es un niño y hay argumentos que fácilmente puede desacreditar, situación que puede llegar a ser muy frustrante en la convivencia diaria. De pronto, de unos años para acá, las discusiones y confrontamientos son cuestión de todos los días y el tema es casi siempre, los límites. Límites sobre el tiempo de llegada después de una fiesta o una salida, límites sobre si convienen o no las relaciones que tiene y límites sobre la forma particular de pensar que ha desarrollado. Los tres tipos de límites se establecen alrededor de nuevas libertades que demanda el joven pero la duda muchas veces es: ¿Qué tanto conviene concederlas? Esto es, ¿cuánta libertad se debe dar a un joven? ¿Conviene que llegue  a la casa cuando considere oportuno o debería llegar siempre antes de las 11 de la noche? ¿Y a qué edad se deben dar tales libertades? ¿Cómo influye el género en esto?

Son muchas cuestiones y básicamente existen tres posiciones: conceder todas las libertades (lo que se parece peligrosamente al abandono), negar todas las libertades (y resistirse al paso del tiempo y la entrada a la adultez del joven) o ceder en algunas y en otras no. Muchas veces ni siquiera se piensa en qué postura tomar y la inercia de la historia que nos antecede continúa escenificando lo mismo que ha ocurrido por generaciones.

Es justo ese momento cuando un padre se sabe idéntico a su propio padre y ve en su hijo a él mismo cuando era adolescente; y la verdad es que todos los que en algún momento han sido adolescentes querrían poder cambiar algo de sus padres. Cada quien hace lo mejor que puede en sus circunstancias, pero dada la nueva realidad ¿Es verdaderamente lo mejor?

Con todo esto, habría que pensar que con cada límite que se impone al adolescente se acota su libertad para ser pero también se define el espacio y las posibilidades para poder construirse una identidad. ¿Qué es lo que puede o no puede ser un hijo adolescente? Si se dan todas las libertades, ¿realmente un adulto podría vivir haciendo lo que quisiera y cuando lo deseara? Y si todo está limitado, ¿dónde está la posibilidad de negociar? ¿Realmente todo está limitado en el mundo adulto?

Éstas son cuestiones que reflexionar y que muchas veces se basan en como los padres entienden al mundo y, por supuesto, la idea que les transmiten a sus hijos. Entonces, ¿cómo es el mundo en el que viven? ¿Se puede hacer lo que uno quiera y la ley siempre es injusta o bien todo está regido por lo que los otros piensen, no hay creatividad y cada uno de nosotros tiene un destino prefijado? ¿Qué tanta creatividad nos gustaría ofrecerle a un adolescente para poder construirse? Quizás no se hayan dado respuestas al asunto de cómo establecer límites pero es importante pensar en estas cuestiones antes de ponerlos, así como cuando se hacen respetar.

Puntos importantes a tomar en cuenta:

  • Los límites deben ser racionales: No puede prohibirse comer, por ejemplo.
  • Deben buscar preservar la identidad e integridad física del sujeto: Está prohibido pasarse el alto porque uno puede generar un accidente y dañar a otros o a sí mismo.
  • Deben tomar en cuenta la etapa de desarrollo: Es tan irracional prohibir a un adolescente convivir con amistades fuera de la escuela, como lo sería prohibirle a un adulto trabajar.
  • Siempre debe existir una consecuencia al no cumplir previamente lo acordado: Lo más conveniente es que ésta sea discutida y negociada entre padres e hijos, a diferencia del castigo impuesto común en la infancia.
  • La consecuencia de incumplimiento debe tener un comienzo y un fin razonable: castigar algo para siempre vale para lo mismo que no castigarlo.
  • La consecuencia de incumplimiento debe hacerse respetar, de lo contrario tendrá que ajustarse.
  • La consecuencia de incumplimiento no debe atentar contra la dignidad del adolescente, ni rebajar el valor de sí mismo, ser humillante o dolorosa.

Definitivamente está contraindicado el uso de violencia como castigo, así como la imposición por la fuerza del castigo. Esto sólo ofrece un momento para que el adolescente responda con violencia igualmente, luchando contra el sometimiento en que se le coloca. Antes de actuar hay que calmarse y pensar; en el adulto tiene que entrar la razón.

Julián GómezSobre el autor

Julián Gómez

Psicoterapeuta psicoanalítico enfocado al trabajo clínico con adolescentes y adultos. Egresado de Posgrado de la UNAM donde hizo la maestría y donde también cursó un diplomado sobre psicoanálisis y educación. En la misma línea, es docente universitario desde hace 5 años, luchando así por favorecer el pensamiento desde diferentes trincheras.

TUIT @JuGomez21

Correo electrónico: gomez2189@gmail.com

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