#MiOtraVida/ El mundo de las etiquetas

Lilyán de la Vega nos hace su segunda entrega de su columna: Mi Otra vida, en esta ocasión habla sobre el mundo de las etiquetas. 

Columna: Mi otra vida. Por: Lilyán de la Vega.

Conocida: ¡Hola! ¿Qué haces por aquí?

Yo: Hola, ¿cómo estás? Aquí paseando con la familia.

Conocida: ¡Ah! ¿Es tu hermana? ¡No sabía que tenías una hermana!

Yo: No, no es mi hermana. Ven, te presento a Ale, mi pareja.

Conocida: ¿Eh? Ah sí… mucho gusto.

Ale: Encantada.

Conocida: Bueno, me voy que ya me están esperando. Nos hablamos.

Yo: Hasta luego.

Al día siguiente, recibo la llamada telefónica:

Conocida: Qué gusto encontrarte ayer.

Yo: Gracias, igualmente.

Conocida: Oye, no sabía que eras… bueno, no sé, ¿gay, lesbiana? ¿cómo se dice? ¿Siempre supiste?

Yo: ¿Qué si siempre supe qué?

Conocida: que te gustan las mujeres.

Yo: Mmmm, pues no, no realmente. Sucedió.

Conocida: Pero entonces, ¿no estuviste en el clóset todo este tiempo?

Yo: Pues no, en realidad, no. Nunca oculté nada.

Conocida: Pero entonces, ¿sí eres lesbiana?

Yo: … ¡no sé! Sigo siendo la misma de siempre…

Conocida: Pero ¿cómo te diste cuenta?

Yo: ¿De qué?

Conocida: De que te gustaba una mujer.

Yo: Pues, igual que siempre… no me di cuenta de que me gustaba una mujer, sólo me enamoré de esta persona.

Conocida: Y… ¿cómo es, eh?

Yo: ¿Cómo es qué?

Conocida: Ya sabes… el sexo.

Yo: ¿Perdón?

Nunca antes de esta relación había recibido tantas preguntas sobre temas privados incluso de personas que no son tan cercanas a mí o que nunca antes me habían hablado. Tampoco me ocurrió nunca conocer a una pareja y yo interrogarlos sobre su vida sexual tan fuera de contexto.

Tengo la impresión de que muchas personas de la comunidad gay están acostumbradas a este tipo de interrogatorio, pero sin duda alguna son preguntas incómodas e inadecuadas. Imagínate esta misma situación si la persona interrogada hubiera tenido una pareja del sexo opuesto. Las preguntas estarían totalmente fuera de lugar, ¿no?

Pero, ¿de dónde viene esta necesidad de clasificarlo todo, de etiquetarlo todo? ¿Qué son las etiquetas y para qué sirven? Se trata de la manera que tenemos de clasificar y ordenar lo que nos rodea, para entenderlo. Así, por ejemplo, los ejercicios de los científicos desde Aristóteles, pionero de la taxonomía, pasando por Linneo, el creador de los fundamentos de la nomenclatura binominal que se utiliza hasta nuestros días, hasta Darwin y su Origen de las Especies, se dieron a la tarea de clasificar y etiquetar el mundo animal y vegetal para comprender aquello que a los humanos nos es ajeno, porque es diferente.

El tema es que, por más que queramos normalizarnos, por más que nos empeñemos en construir convencionalismos sociales, por más que creemos roles a cumplir y modas a seguir, la diversidad nos es intrínseca. Todos somos diferentes, todos nos somos ajenos, percibimos la realidad de acuerdo con nuestras experiencias de vida únicas y cambiantes, en una suerte de paradójica homogeneidad de nuestra heterogeneidad.

Es decir, todos tenemos en común que somos universos únicos y diferentes entre nosotros, a tal grado, que requerimos consensos creados para la convivencia, porque lo que sí compartimos, es esta misteriosa convicción de que el nuestro es el único punto de vista válido, verdadero e inamovible.

Esta ignorancia, tanto de nuestra naturaleza cambiante como de que lo que percibimos como verdad no es más que un punto de vista –el nuestro-, se puede traducir en el desconocimiento de la riqueza que hay detrás de nuestras diferencias, en la abundancia de la diversidad y del cambio, de las que, si hiciéramos conciencia, podríamos deducir que, efectivamente, todos somos iguales en cuanto a que somos diferentes.

Pero por el momento, al parecer, desde esta inconsciencia de la diversidad, seguimos requiriendo establecer roles, para mantener la ilusión de la homogeneidad, misma que se ve amenazada por la presencia de quienes no encajan en la norma impuesta, y a los que comenzamos a etiquetar como ajenos, desde nuestra necesidad de comprensión, como si no fuéramos nosotros también parte de esa irrenunciable diversidad.

Y supongo que fue así como llegamos a la taxonomía de la homosexualidad, la Escala de Kinsey, que afirma que hay 6 grados de bisexualidad entre la homosexualidad y la heterosexualidad, o la lista de 58 opciones de género que hoy en día utiliza Facebook como opciones para sus usuarios…

Bienvenidos pues, al mundo de las etiquetas. Un mundo donde nos complicamos demasiado para tratar de entender, en vez de dejarnos simplemente sentir, o mejor aún, ser.

LILYAN Y MAYA 2016 (1)Lilyán de la Vega es Coach de Vida, Instructora de Meditación, Conferencista, Activista por la Sororidad y Autora del libro Lecciones para Volar para una Bruja Moderna, publicado por Ediciones B. Trabaja todos los días en transformar el mundo, a través de la Sororidad, en uno más incluyente y amoroso para ellas y ellos.  Sus mejores maestros de lo que es importante en la vida son sus hijos S., de 16 años y R., de 9, con quienes aprende cada día el significado de vivir en el presente y atreverse a ser feliz.

 

Correo electrónico: delavega.lilyan@gmail.com

feis Transformación Personal desde lo Femenino.

 

2 comentarios sobre “#MiOtraVida/ El mundo de las etiquetas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *