#MiOtraVida/ Si existe, es #normal

Columna #MiOtraVida. Por Lilyán de la Vega. ¿Qué es #normal? La eterna pregunta. Su respuesta depende única y exclusivamente de quien la responde. Porque la experiencia que tenemos del mundo de manera individual es única; sólo cada uno de nosotros sabe lo que percibe, lo que siente, y lo que es.

“En un mundo con tantas diferencias, el amor es lo único que cuenta,

porque sólo el amor es normal.”

Chely Martínez (Normal el Musical).

Después de mucho reflexionar sobre el tema, llegué a la conclusión de que “si existe, es #normal.” Estuve tentada a agregarle la frase “si no hace daño”, para que quedara así: Si existe y no hace daño, es #normal. Pero pronto me di cuenta de que era una aseveración equivocada. También es #normal que exista lo que hace daño, al menos en esta realidad dual y binaria que construimos y experimentamos, en la que existen los opuestos, la luz y la sombra, el día y la noche, el bien y mal, el blanco y el negro… Y negarlo sería absurdo.

Pero, ¿cómo saber lo que es luz y lo que es sombra? Una buena brújula es si su existencia hace daño a los demás o no. Y claro, eso puede ser muy subjetivo, como todo lo demás. Difícilmente sabemos hasta donde llega el impacto de cualquier acción que realizamos. En ese sentido, habría que comenzar a cuestionarnos la dicotomía como parte de la realidad que experimentamos. ¿Realmente todo tiene que ser blanco, blanco o negro, negro? ¿No se trata más bien de un continuo con dos extremos que van del blanco al negro y pasan por toda una gama de grises? ¿toda una gama de bondades y maldades?

Eso ocurre también en la manera en que  definimos la sexualidad humana. Insistimos en dicotomizarla: eres hombre o mujer; eres homosexual o heterosexual; eres masculino o femenino; eres transexual o cisexual (que nació con el cuerpo que corresponde a su identidad sexual). La experiencia humana es diversa, compleja. Va, sin duda, más allá de nuestra capacidad de etiquetar. Porque encasillar a la experiencia humana es una misión imposible, miope y rígida. Los seres humanos somos procesos en perenne movimiento. Experimentamos la vida y percibimos el mundo de infinitas maneras. Difícilmente encajamos en los cuadritos preestablecidos de lo que el mundo espera de nosotros para considerarnos #normales; pero vamos aprendiendo a encajar, de una u otra forma, para no sentirnos rechazados, anulando en el camino muchos de nuestros potenciales únicos e irrepetibles.
Esta tarde hablé con una mujer muy lúcida y sabia, la activista y sexóloga Silvia Susana Jácome, quien me dijo una frase que me abrió el panorama mientras trataba de entender los matices de la transexualidad: “no es el cuerpo el que está equivocado, sino el esquema en el que queremos meterlo.”

Ufff, ¡qué sentencia tan llena de verdad! Los avances médicos han permitido modificar los cuerpos a través de hormonas y cirugías, para corregir el “error” del cuerpo de las personas transgénero. Y si bien, sin duda, es un derecho ganado, no había reparado en que también puede ser un esfuerzo por acoplarse a las expectativas externas de lo que es ser un hombre o una mujer, un esfuerzo por ser #normal.

Por ejemplo, en algunos países a las personas transexuales que deseaban cambiar sus documentos legales para cambiar su nombre a uno que correspondiera a su identidad de género, se les exigía haberse realizado la cirugía de reasignación de sexo; y esto, es una vez más, una falta de reconocimiento a la diversidad de posibilidades que ofrece la experiencia de la sexualidad humana. ¿Qué tal si entre los polos de Cisgénero y Transexual existe toda una gama de posibles identidades de género entre las cuales se encuentran aquellos que experimentan el saberse transgénero y estar bien con ello?

Me pregunto en qué medida, hay casos de personas trans que deciden someterse a las dolorosas cirugías de reasignación de sexo, orillados por una necesidad de encajar en la #normalidad, en un cuadrito en el que de todas formas no caben en un mundo transfóbico.

En cualquier caso, cuánta soberbia tiene que haber en nuestra necesidad de ajustar la naturaleza de los seres humanos, a las categorías que inventamos en distintos momentos de la historia como #normales. Ella misma me dio otro ejemplo que deja muy claro de lo que hablamos: los zurdos. En la época de nuestras abuelas, a los zurdos les amarraban la mano izquierda, porque pensaban que lo que estaba equivocado ¡era la mano y no el pupitre!

Así como hoy en día reconocemos que no hay error en la mano de un niño zurdo, ojalá que algún día logremos reconocer que no hay error en un ser humano, cualquiera que sea su combinación de sexo, identidad de género, orientación sexual, y expresión de género.

Ojalá comprendamos que todas estas categorías son, más que duales, continuos con dos extremos e infinidad de posibilidades intermedias, #normales. Al final de cuentas, como dice @CarolQueen, existen 7 mil millones de orientaciones e  identidades sexuales. De lo que puedes estar seguro es de que si existes, ¡eres #normal!

 

Lilyán de la Vega es Coach de Vida, Instructora de Meditación, Conferencista, Activista por la Sororidad y Autora del libro Lecciones para Volar para una Bruja Moderna, publicado por Ediciones B.   Transformación Personal desde lo Femenino.

 

 

 

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