Vivencia emocional post sismo: ¿Cómo manejarlo en los adultos para poder ayudar a los niños?

Por: Regina Ojeda, Lorena Mendoza y Sharon Regalado, terapeutas de NEUROingenia. Después de los eventos que se han vivido en nuestro país durante septiembre, la mayoría de los niños, adolescentes y adultos nos encontramos con cierto grado de ansiedad, y con una constante sensación de vulnerabilidad.

Ante esto, es normal preguntarse si estas reacciones, aun habiendo pasado tiempo de lo sucedido, son normales y cómo hacerle para que este miedo no nos siga repercutiendo en nuestra vida. Incluso muchos padres de familia están angustiados por no querer transmitirles más ansiedad a sus hijos. En este artículo, primero abordaremos cómo identificar la ansiedad en adultos y cómo manejarla, ya que si esto no lo hacemos, nos será muy complicado poder apoyar a los niños. Posteriormente, explicaremos qué manifestaciones pueden presentar los niños y estrategias para ayudarlos.

Los últimos acontecimientos han sido hechos traumáticos, no solo para las personas que perdieron su patrimonio o a algún ser querido, sino también para todos los que lo presenciamos. Posterior a dichos eventos, suelen surgir una serie de síntomas como la desolación, depresión, ansiedad, culpa, enfado, junto con sensación de pánico o miedo y dolores de cabeza, así como continuo cansancio.

Como consecuencia de esto, a muchos les cuesta trabajo conciliar el sueño por las noches o tener flashbacks (revivir el suceso en nuestra mente de forma frecuente), evitan a toda costa objetos, personas e imágenes que les recuerden el acontecimiento y, por el contrario, existen quienes continuamente sienten la necesidad de estar informados viendo imágenes o videos en medios de comunicación y redes sociales. Generalmente, esto provoca que nuestro sistema de alerta permanezca activo en todo momento, lo que lleva a que incremente nuestro nivel de ansiedad.

En adultos, las manifestaciones anteriores son comunes y esperadas, sin embargo, si éstas continúan en un periodo mayor a un mes o si su frecuencia e intensidad son elevadas, se podría desencadenar características de estrés postraumático. El estrés postraumático, suele aparecer por varias razones como:

  • Los continuos flashbacks, ya que como se mencionó anteriormente obligan a pensar en lo que ha sucedido.
  • Pensamientos recurrentes. Existe una parte del cerebro llamada hipocampo, que es la que procesa la memoria. Los niveles elevados de las hormonas del estrés, como lo son la adrenalina, pueden detener el procesamiento de los recuerdos del suceso (produciendo los dichosos flashback y pesadillas de forma constante).
  • El estar en guardia, ya que solo se tiene en mente cómo reaccionar si es que la situación se vuelve a repetir.
  • Los recuerdos del acontecimiento vivido mantienen los niveles de adrenalina elevados. Esta es la razón por la que nos sentimos tensos, irritables eliminando la posibilidad de relajarnos o conciliar el sueño.

Para poder enfrentar el estrés postraumático, es necesario tratar de volver a nuestras tareas cotidianas y practicar alternativas que pueden resultar efectivas como:

  • Hacer ejercicios de relajación y respiración, también el yoga, meditación o tai chi, pueden ayudar a controlar algunos de los síntomas como la ansiedad.
  • Hablar de lo sucedido expresando pensamientos y sentimientos. Al hacerlo de manera constante, permitirá reprocesar lo vivido e incluso empezar a encontrar ciertas características positivas de aprendizaje.
  • Hacer una lista de las cosas de las que estás agradecido a pesar de lo sucedido.
  • Normalmente, creemos que es el suceso en general el que nos agobia, sin embargo, es de gran ayuda delimitar las situaciones específicas que nos generan mayor ansiedad (por ejemplo: que te quedes atrapado en algún lugar y que nadie sepa en dónde estamos)
  • Una vez identificadas las situaciones, en medida de lo posible tomar acciones para prevenirlas. En relación al ejemplo anterior, podríamos descargar una aplicación para compartir con nuestras personas más cercanas nuestra ubicación, así siempre alguien sepa en dónde estuvimos.
  • Psicoterapia: Al recordar el acontecimiento, analizarlo y darle sentido, la mente puede ejercer su trabajo normal de almacenamiento de los recuerdos y puede afrontar cosas nuevas.
  • Terapia de grupo: Hablar con un grupo de personas que haya pasado por lo mismo o acontecimientos similares, esto puede ayudar a que no se sienta solo.

Una vez que como adulto logres estar más relajado será importante brindar apoyo a los niños, al igual que como tú, debes primero identificar qué es lo que les está sucediendo y qué necesitan específicamente. Recuerda que a pesar de ser el mismo hecho, todos lo vivimos e interpretamos de diferente manera.

Sin duda alguna, también los niños son vulnerables ante estas situaciones catastróficas. En ellos el estrés postraumático se puede manifestar de forma diferente presentando síntomas como:

  • Llanto frecuente
  • Conductas regresivas (enuresis o chuparse el dedo)
  • Alteraciones del sueño
  • Terrores nocturnos o pesadillas
  • Somatizaciones (mareos, vómitos, nauseas, fatiga, dolores musculares, escalofríos, hipersudoración)
  • Miedo por separación o a la soledad
  • Alteraciones conductuales
  • Alteraciones cognitivas (pseudodemencia, anomia, dificultada para tomar decisiones y para concentrarse)
  • Aislamiento social y absentismo escolar
  • Movimientos faciales involuntarios como tics
  • Pérdida de apetito
  • Temores injustificados
  • Aparición de rituales

Después de un evento traumático, no todos los niños presentan estrés postraumático, sino que existen preocupaciones normales que, con el tiempo, y con tú ayuda, pueden ir disminuyendo. Dentro de estas se encuentran: mostrarse alterados, preocupados o con dificultades para comprender adecuadamente lo que pasó, problemas para comunicar lo que sienten y para expresar sus preocupaciones, confusión, dificultades para dormir, miedo o temor a dormir sólo, cambios en el apetito, ansiedad, preocupación por lo que va a pasar, miedo a que ocurra nuevamente, resistencia a estar solo e irritabilidad.

A continuación se describen algunas recomendaciones para que los padres de familia ayuden a tranquilizar y a reducir los miedos en los niños.

Amor

Es importante hacerle saber al niño que es amado y que está acompañado por su familia que lo quiere y lo comprende. El contacto físico es muy importante para algunos niños, por lo que, abrazarlos, tocarlos y mostrarles afecto, les proporcionará la seguridad que necesitan en esos momentos. De igual manera, el pasar el pasar tiempo con ellos, acompañándolos en sus actividades, es primordial, evitando dejarlos solos por largos periodos de tiempo.

Seguridad y sinceridad

Para proporcionar seguridad a los niños, debemos tener en cuenta que probablemente tengan muchas preguntas sobre los sismos y los movimientos de la tierra, como: ¿Qué es un sismo?, ¿Cómo ocurre?, ¿Va a ocurrir nuevamente? y ¿Qué vamos a hacer si vuelve a pasar? El responder estas preguntas ayudará a que sientan menos miedo, comunicando que los sismos no se pueden predecir y que a pesar de que ahora continúe sintiéndose temeroso, está acompañado y siempre puede acudir a sus padres o maestros. Procurar  hablar con ellos sobre lo que pueden hacer cuando ocurra un sismo, a dónde dirigirse, qué evitar en esos momentos, y cuál es el lugar de mayor seguridad en la casa y escuela.

Es de gran importancia ser sinceros y explicar los acontecimientos con honestidad, sin dar detalles excesivos, sin exagerar o minimizar la situación. Utilizando un lenguaje que vaya de acuerdo a su edad, para que pueda comprender lo que pasó y reafirmando que en el momento presente se encuentran juntos y a salvo.

Se sugiere compartir a los niños sólo la parte esencial de la información, evitando saturarlos de noticias e imágenes relacionadas con la catástrofe, ya que el exceso de información puede angustiarlos, estresarlos, o maximizar sus miedos. De igual manera, evitar transmitir los miedos y preocupaciones propias, o miedos futuros con situaciones que no existen.

Expresar

Para que los niños logren adaptarse con mayor facilidad, se recomienda que se les ayude a identificar y a expresar sus emociones. Permitiéndoles hablar de cómo se sintieron durante ese momento y escuchando sus preocupaciones. De ser posible, también compartir cómo nos sentimos nosotros, aceptando que el miedo es una respuesta natural ante las circunstancias. Si el niño no puede expresar sus emociones, preguntarle cómo cree que se sienten otros niños en su misma situación, puede ayudarlo a identificar lo que siente y a hablar de ello. Proporcionarles una figura de entendimiento al aceptar y validar los sentimientos que se presentan, si muestran ganas de llorar, comunicarle que está bien y que si lo necesitan, pueden desahogarse. Se pueden utilizar frases como: “entiendo que estás triste (enojado)  y es normal sentirse así después de haber pasado por algo tan difícil”.

Los cuentos y las historias ayudan a los niños a entender los acontecimientos auxiliándolos en sentirse identificados con las emociones que presentan los personajes de las historias, y proporcionándoles ayuda ante cómo sobrellevar la situación.

Al leer un cuento a los niños, se les permite que comuniquen lo que sienten y que en ocasiones, aclaren sus dudas o realicen preguntas. Existe material de lectura en línea y descargable que se relaciona con los sismos, un ejemplo es el cuento “Trinka y Juan, El día que la tierra se movió” que explica a los niños cómo los personajes vivieron un sismo y las emociones que experimentaron durante y después.

También el permitirles dibujar, escribir y expresar el acontecimiento, es de ayuda para que los niños. Si algún niño dibuja o escribe sobre el momento del sismo, se le puede sugerir que en otra hoja dibuje el momento en el que se sintió tranquilo y seguro, haciendo énfasis en el sentimiento de bienestar y tranquilidad que vino después.

Reintegrar

Cada familia y persona se ve impactada de distinta manera, y a algunas les toma más tiempo que a otros asimilar las situaciones. Es por ello, que resulta útil realizar actividades que sean conocidas por los niños, como llevar una rutina tranquila antes de dormir, comer o cenar en familia. Se debe permitirles que jueguen y realicen sus actividades lo más parecido a su rutina usual. Continuar con sus horarios y rutinas regulares para generar un ambiente predecible. Comunicarle cualquier cambio para que conozca lo que pasará a continuación.

Para ayudar a los niños a adaptarse y a recobrar el sentido de normalidad, es importante ser tolerante y reconocer que los cambios en su comportamiento son normales ante una catástrofe. Estos cambios pueden estar presentes por aproximadamente 2 o 3 semanas en lo que el niño recobra su seguridad y estabilidad.

Por último, para saber cuándo se ha superado una experiencia traumática tanto en adultos como en niños, es necesario identificar que se puede pensar en lo sucedido sin angustiarse, ya no se siente amenaza como solía hacerlo y no piensa en el acontecimiento en momentos inapropiados.

 

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